OLVIDANDO ALIMENTAR AL GATO
Las noches y los días transcurren con tranquilidad, la vida hasta cierto punto monótona: levantarse a las seis, si no hay quien prepare el desayuno, hacerlo uno mismo, -que para eso tienen manos- solía decir por allí tu madre, mientras eso tomar un baño, no olvidarse de arreglar la cama y si te alcanza el tiempo limpiar tu habitación y ordenar el desastre de la noche anterior.
Corre rápido porque el desayuno se quema, que los huevos no son buenos para ponerlos a freír durante media hora y el agua para el café se evapora en la tetera, si tuvieras hijos el drama sería aún mayor, y si un marido quejumbroso amanece a tu lado cada mañana, sería desesperante, pero al final de todo aquel trajín, la sensación de que hiciste algo bueno por alguien o algo te reconforta para salir de casa con una sonrisa, pero cuando eres tú contra el mundo, aquellas minucias no tienen sentido según tu propia filosofía, vives para ti y por ti, y si en algún momento decides cambiar el rumbo de tu vida y todavía no te has rendido a la monotonía quizás aquella mañana al salir de casa en lugar de ir a donde siempre vas decidas marchar a otro sitio y las personas que talvez te necesiten busquen el modo de localizarte, y probablemente lo logren si no olvidaste llevar aquellos nuevos aparatos electrónicos que parecen pequeños guardaespaldas y espías que te siguen por todos lados.
Oh deja de soñar pequeña niña, que el desayuno se ha arruinado y la habitación tendrá que quedar aún desordenada por hoy, quizás a la noche o mañana la termines de ordenar.
Al revisar entre la ropa no encuentras lo que quieres llevar y te decides por tu pantalón favorito aquel que disimula y entalla tu figura, porque ya no eres la jovencita de hace quince años, la vida sigue y tu con gran reverencia te das cuenta que no eres tu contra el universo, porque formas parte de el, y resignada terminas de cambiarte, aquel maquillaje ya paso de moda, un lápiz labial y unas sombras para resaltar aquellos que consideras los mejores atributos en tu rostro, afinar y endurecer la mirada y provocar con unos labios sensuales. Olvídate del cabello, todos los días te dices resignación y con la habilidad que adquiriste a través de los años lo arreglas para que al menos al llegar donde debas ir lo hagas de forma presentable y cuando llegue la tarde sea el mismo desorden de costumbre, y agitando la cartera al aire cuando salgas te rías para ti misma, queriéndote tal como eres, porque tu eres única.
Y el desayuno se arruinó, y bajas corriendo te sirves una taza de café, porque lo adoras, aunque tu médico y tu dentista te aconsejan que lo dejes uno por tu salud y el otro porque mancharas tus dientes, decides una y otra vez no hacerlo porque quizás ese es tu único placer intimo y secreto.
Y el gato te maúlla recordándote que debes alimentarlo, lo abrazas y corriendo vas a buscar su comida, y dejando su plato en el suelo te despides de el, diciendo que ya vuelves y jalas la puerta saliendo para enfrentarte a ese mundo.
Y a medio camino recuerdas que olvidaste aquel documento importante y vuelves sobre tus pasos corriendo, buscas en la cartera las llaves y oh que mala suerte, las olvidaste sobre la mesa de la cocina mientras alimentabas al gato. Pero nada esta perdido porque al lado vive una persona muy querida que se preocupa por ti y que conociéndote te guarda siempre una copia. Vas y tocas su puerta y esperas, pero no contesta y recuerdas que ya no vive allí. Maldición gritas, a punto de patear la primera cosa se te cruce en el camino y cuando das media vuelta decides intentar algo.
Este día tu vida no es nada común y corriente, algo ya altero tu monotonía y en vez de alegrarte por ello te enfadas, porque te gusta tenerlo todo bajo control incluso tu misma. Y en eso suena aquel aparato y respondes, y una amiga preocupada pregunta por tí, y le dices que nada sucede en realidad, solo que te quedaste en la calle, y ella contesta te llamo porque olvidaste tus llaves en casa anoche.
Oh pequeña niña, te burlas de ti misma, y esa amiga te ofrece llevártelas en ese momento, y como ya es tarde decides no ir donde tenias previsto y los documentos… piensas y te dices mañana los llevo, y te levantas y tomas tu cartera, tu mirada ya no es dura tus labios se tuercen en un rictus de amargura, dolor y vergüenza.
No llevas un espejo ni maquillaje en la cartera, sólo un lapicero y una libreta, y aunque sería mejor llevar la agenda prefieres llevar un libro contigo, además de que la agenda es muy grande para llevarla junto con lo demás y no la llevas en la mano porque no te gusta llevar cosas que te estorben o se te olviden por ahí.
Y mientras vas caminando, en medio de ensueños te topas con alguien que llama tu atención de forma halagadora y coqueta como eres le obsequias una mirada, y en lugar de aprovechar la ocasión caminas como la diosa que crees que eres y no sabes demostrar un poco de humildad.
Pequeña niña que quieres en realidad, lloras por que te gustaría preocuparte por alguien más, compartir sueños y dilemas junto a otro ser. Que cuando llegues esa tarde a casa no sea el gato el que con maullidos reclame tu presencia, queriendo coger el teléfono y llamar a alguien y no atreverse al final porque las cosas van bien para tí que lo controlas todo.
Decides no salir aquella noche y a la amiga que te devolvió las llaves le dices que esta noche tengo mucho que hacer aunque sea una mentira, y al volver tiras tu abrigo por ahí, ves aquel aparato que registra todas esas llamadas y no te enteraste porque la batería se termino a los segundos de que tu amiga llamó esa mañana. Y entre ellas te encuentras con una que no esperabas y a cuyo propietario esperas ver con ansiedad cada vez que sabes que vuelve a la ciudad y a quien no te atreves a confesar lo que sientes, porque tu mundo se descalabraría, que deseas pequeña niña, que lloras por un amor, y cuando lo tienes al alcance de tu mano, le das por completo la espalda al no devolverle la llamada. Y enseguida te llega un mensaje, quiero verte, tengo que hablar contigo y lo apagas y lloras en la oscuridad.
Orgullosa, porque no te permites rebajarte, para ti las personas solo pueden equivocarse ninguna vez en su vida y eso te incluye a ti, culpas a todos y te culpas a ti, orgullosa porque no puedes perdonarte y perdonar. Para ti no existen los errores.
Y por fin la mañana siguiente, repites de nuevo tu rutina, esta vez los huevos no se quemaron terminaste de ordenar la habitación y alimentaste al gato mucho antes de salir, revisaste el bolso en la puerta antes de cerrarla, te aseguraste de llevar todo lo que necesitas. Y aquel aparato lo encendiste de nuevo y con una sonrisa en los labios saliste con la decisión tomada. No importa si me quiere o no, quiero preocuparme por alguien y quiero decirle que me importa mucho. Y marcando los números de aquella persona lo llamas y le dices hola, hace mucho que no nos vemos, te parece si almorzamos juntos, y el acepta, fijan una hora y un lugar.
Y la reunión es como de costumbre tú frente a él, nerviosa porque no sabes como comportarte, nunca puedes ser natural con esta persona y él tampoco contigo. Y muy dentro de ti dices cuando aprenderás, y respirando muy profundo a modo de darte valor, miras directamente a sus ojos y dices lo que años fuiste guardando en tu corazón, tiemblas y la voz te traiciona porque se quiebra con un gemido antesala de un llanto porque perdiste todo control, y el te mira temeroso de coger tu mano, y talvez con el valor de tu confesión dirige su mano derecha a tu mejilla, y en tus ojos puede ver una lágrima a punto de caer y con el pulgar la limpia mientras el resto de sus dedos te sujeta el rostro y sin pensarlo siquiera se aproxima para lo que esperaste por años, y deja un suave beso en tu mejilla, y la recibes con los ojos cerrados y terminas llorando.
Y tu control se ha perdido y tu orgullo fue olvidado allí muy dentro de tu baul de defectos. El no sabe como reaccionar y tu le dices no es nada, solo soy feliz. Y te levantas coges tu cartera y aquel aparato y te despides, el poco valor que tenías te esta abandonando y las piernas te tiemblan y esperas que el de el siguiente paso, y esperas…
Oh el orgullo huyo de aquel viejo baúl y te encontró nuevamente y endureció tu mirada y tu sonrisa se volvió un mueca en tu rostro, sólo un leve velo nubla tu rostro y al momento te compones, te acercas y pagas la cuenta, vuelves a la mesa y vuelves a despedirte.
Olvidarás aquel nombre otra vez y cuando llores nuevamente por añorar el cariño de alguien pensarás y lo recordarás con tristeza y preguntas de ¿porque?
No esperaste a que se levantara siquiera de la mesa le diste la espalda, no le diste tiempo.
Y te molestas contigo misma y te desquitas.
Orgullo mal consejero, control mal hábito, recuerda que eres humana. La perfección completa no existe, no eres una diosa. Aprende a pedir perdón, no le niegues oportunidades a la vida.
Y entonces aquel aparato sonará nuevamente y veras el nombre y decides no responder. Cuando de pronto tocan tu puerta, desganada te levantas a contestar, la abres sin fijarte en lo que haces y he aquí que quien te gusta te vino a buscar, y te recuerdas a ti misma orgullo mal consejero, aprende a pedir perdón, y sin pensarlo siquiera te abrazas a él y rompes a llorar, el te sostiene mientras te dice que gracias por tu valor, te quiero mucho y es mejor saber que lo intentamos y no arrepentirnos el resto de la vida pensando si pudo funcionar o no, y por primera vez sus labios se encuentran, aquella entrega que alguna vez sentiste en tu adolescencia la vuelves a sentir de nuevo pero renovada y mas poderosa, sus ojos se encuentran al separar sus labios y en un momento de ternura sus frentes se juntan y permanecen abrazados un largo rato, tan sólo mirándose como si quisieran descifrarse uno al otro como si estuvieran diciéndose cosas sin palabras, intercambiando secretos.
Y lo llevas dentro, y le invitas una taza de café, y por primera vez puedes ser tu misma con la persona que amas y pasar el resto del día conversando, conociéndose, compartiendo.
Y tal vez la vida sea más problemática que esto, o más simple, quizás los problemas reales algún día los alcancen en su paraíso, pero hasta entonces tendrás aquello que siempre anhelaste el preocuparte por el bienestar de otro ser que no es tu gato.