Han pasado varios meses desde que soñé algo que llamara mi atención, o al menos recordará con inquietud.
Las preocupaciones del que dirán u opinen los demás puede que no importen mientras estoy despierta, porque puedo controlar en cierta medida las situaciones que se vayan presentando, sin embargo en los sueños es diferente, ya que nuestro subconciente sale a demostrarnos la realidad de nuestra verdadera personalidad o ser interior que intentamos ocultar mostrando lo que deseamos y queremos desde el fondo de nuestro espíritu.
Hace unos meses una duda ha estado casi siempre presente en mi día a día, y que en ocasiones intento olvidar u olvido por completo cuando otra se presenta.
Soñar con la esposa de alguien no es de sorprenderse siempre y cuando la conozcas o hayas escuchado de su existencia. O alguien más te la haya nombrado. Puede que incluso lleguemos a ser amigas, el hecho es que mi sueño tuvo que ver con una esposa que desconozco en absoluto, joven, hermosa y jovial, muy amable en el trato a los desconocidos quien gentilmente nos invito a compartir en su cocina mientras tomábamos una taza de té, presentándonos no llegué a escuchar su nombre.
Cuando finalmente caigo en la cuenta que la casa en la que me encuentro es una casa desconocida y conocida al mismo tiempo porque su propietario es alguien que conozco y desconozco, llegan de improviso tres niños o no tan niños de unos doce o trece años, cada uno más alegre y divertido con unos colores en el cabello aparentando llamas ardientes. Eran sus hijos y ella nos lo presenta.
¿Y porque hablo en plural? porque éramos tres amigas y la esposa conocía cada uno de nuestros nombres y parecía tener más interés en el mío que en ningún otro.
Los niños habían desaparecido de la cocina, probablemente estarían jugando en el jardín, cuando de pronto la puerta de la cocina se abre y lo veo allí parado, casi irreconocible con una sonrisa a flor de labios que desapareció en cuanto nuestras miradas se cruzaron, intentamos parecer desconocidos que se veían por primera vez mientras sentía a mis espaldas la mirada de la esposa y su sonrisa casi triunfal.
Intentando alejar las ideas que habían cruzado por mi cabeza, me dirigí a la sala donde vi un folder colocado sobre una cómoda delicadamente cubierta con encaje blanco, por curiosidad o instinto abrí el archivo y leí mi nombre y algo parecido a “interceptando las llamadas de… centro de trabajo…”
El temor creció en mi interior, la verdad que tanto esperé llegó de la manera más cruel, lo ví nuevamente parado frente a mí y a ella junto a él sonriendo con satisfacción, nuestras miradas se entendieron, y la de él y la mía se confundieron, salí de aquel lugar, con angustia y falta de aire, sin saber que hacer.
El río estaba cargado y la lluvia continuaba, mi carrera se enlentecia por los torpes pasos que daba al no quedarme fuerzas para continuar, cogiendo mi pecho en un intento inútil por contener el aire que con dificultad se abría paso a mis pulmones, el cabello mojado y el frío hacían más difícil mi propósito.
Allí estaba yo frente a un acantilado y un río cargado que corría más abajo. No, no quería caer y estaba al borde mismo a punto de hacerlo, y le veo llegar descendiendo de un automóvil blanco muy molesto. Rechazo su ayuda y decido volver sobre mis pasos para llegar a un sitio más seguro y de ahí alejarme de ese río y ese abismo.
Despierto.