Mi vida


Ayer me empeñe en hacer un horario, algo motivante, nunca he manejado una agenda. A lo sumo las llego a coleccionar año tras año, completamente en blanco, pues siempre he creído tener una buena memoria, además que mis actividades estaban limitadas a eso de “casa a la universidad (trabajo) y viceversa”, vida social casi nula, y vida romántica no la conocía, así que no había mucho que anotar.

Me he guiado siempre por los horarios semanales, horas repetitivas día tras día, monótona vida mía. Si alteraba alguna vez eso era algo voluntario, alguna cita hecha con dos semanas de anticipación, o una salida de momento.

Si me animo a visitar a alguien, lo hago y no hay más planes.

En cuanto a compras no hago listas, memorizo lo que necesito y voy en su búsqueda. Debe ser por eso que me aburre caminar cuando de compras se trata, especialmente caminar con mi hermana o mi madre, parecieran no tener idea exacta de lo que buscan y pasan horas enteras buscando sin encontrar. Alguna vez he caído en eso, buscar sin encontrar, excepto que sabía lo que quería pero nadie lo tenía, y una se pone a pensar en que los comercios o están muy anticuados, o demasiado modernos, o al final soy demasiado exigente o me he desanimado de la compra.

En esas salidas con mi familia, prefiero seguirles la corriente y no darme por enterada de lo que buscan y distraerme mirando los escaparates y sobre todo no comprar nada, porque sé que me decepcionaré después.

Volviendo a las agendas. A veces son necesarias, al menos para tener una idea de lo que hiciste en el día y en que pasaste las horas. Un registro frío de tu vida algo que indique que no pasaste por ella sin dejar rastro de tí.

Me conseguí una electrónica que funciona en el PC, acabo de instalarla y apenas estoy empezando a conocer las funciones que tiene. Será de ayuda para anotar aquello que debo hacer y otra de mano que compré esta mañana, que servirá más como diario que como agenda. Algo para anotar lo que pienso o encuentro interesante mientras estoy lejos del PC.

Ambas tienen sus riesgos, la primera que se perderá si el sistema muere y la segunda si cae en malas manos. De todos modos la última siempre terminará en manos de otro, si lo hace espero que sea en manos de un desconocido o cuando yo esté bajo tierra, lo que suena más romántico.

Hubo un tiempo en que sólo escribía para él, para que leyera lo que pensaba o lo que creía que pensaba. No era yo, sencillamente una imitación para serle más agradable, puedo llamarle a eso enamoramiento o estado de absoluto abandono y renuncia personal, dejé de ser egoísta y dejé de ser yo misma.

Cuando mis temas se terminaron, hice lo que no estaba acostumbrada a hacer pegar letras de canciones dependiendo de mi humor y de como me sentía, interpretando mi vida en canciones.

Recuerdo que solía quejarme de todo, del trabajo de las compañeras, del jefe, de las injusticias, de mi, no recuerdo haberme quejado de mí; tendría que revisar cada una de las entradas para afirmarlo categóricamente.

Ahora escribo para mí, un poco para desahogarme, un poco para reflexionar un poco para… para no sé qué.

Hace más o menos un mes me torturaba porque mi cumpleaños estaba cerca, pasé la barrera de los 30 y esperaba al menos un saludo. Mi saludo vino del Netlog, de los foros Miarroba, todos máquinas robot, todos programados para hacerlo cada año, todos de sitios en donde me había inscrito con el propósito de “hacer amigos”, y es que no sirvo para hacer amigos.

Y mi pensamiento sólo se dirigía a él, me llamaría, me saludaría, escribiría. No lo hizo. Bien me dije, ¿tú lo hiciste en su cumpleaños?, no, así que acepta las consecuencias. Al día siguiente me llamó, estaba viendo un programa al mediodía con desánimo, estrenando anteojos nuevos y vestida para salir sin hacerlo. Me llama y yo emocionada respondo, pero no era emoción lo que reflejaba mi voz “Dime …. que necesitas”, brillante saludo, “Hola necesito pedirte un gran favor, necesito que descargues …. y que me lo envíes”, “Oh, espera, espera, lo siento tengo mi computador en el técnico lo haré en cuanto lo recupere, en una hora” yo siempre problemática, me doy cuenta de que no soy de soluciones rápidas y que en un examen oral lo haré pésimo. Luego de colgar, con él esperando, la idea recién cruzo por mi cabeza, así que salí y me dirigí a una de esas cabinas públicas para ayudarlo. Busque, encontré y se lo envié.

No recuperé mi PC hasta las 5 de la tarde y en ese momento para mi mala suerte no había conexión, así que no pude entrar para saber si le había llegado el encargo. Bien me perdí el resto de la tarde y parte de la noche. Al revisar mi correo me pedía que se lo enviara al correo del trabajo, brillante… viendo la hora de envío era muy urgente. Se lo envié de todas formas un poco sintiéndome culpable por el retraso.

Me escribe agradeciéndome el favor y comentándome algo de una película, yuujuuu me dije, ya tienes en que distraerte mientras regresa, así que investigué un poco, busqué y logré conseguir la Banda Sonora, lindos temas (por ahora lindos mientras le busco un sinónimo más adecuado) y le envié uno para que lo escuchara.

Esa semana no llegó, no lo ví, no hubo más cartas, no hubo nada. A la semana siguiente me deprimí y entré en un estado de abandono y culpa, y me sentí peor luego de pedir consejo, si los consejos sólo se piden para confirmar algo que ya sabes que tienes que hacer, no fue un consejo sino una apertura de ojos a la realidad, por más que me empeñara en decirme que no era nada, que sólo era un amigo con quien compartía algo o mucho, con quien podía hablar o escucharlo (que es lo que me más gusta), no podría ser nunca mi pareja, ni mi cómplice, mucho menos un amigo, y peor alguien que presentar a tus conocidos. Si estaba enamorada, y estoy enamorada.

Estoy enamorada, me encuentro en un estado de atontamiento y estupidez, la tristeza dejó sus huellas y la nostalgia se hizo presente, revisar sus cartas era duro y un golpe al leerlas, me dí cuenta de cuanto habíamos cambiando en casi dos años, y casi, casi extrañé cuando sólo lo consideraba un juego.

Dos semanas de angustia, dos semanas de llanto, dos semanas en que no hice nada. Mi hermana vino una vez más al rescate, me ofreció un trabajo, algo en que ocuparme para dejar de torturarme. Acepté de buena gana, y me marché de la ciudad, unos días fuera serían el bálsamo para las heridas que yo misma me había hecho y ocuparme de los problemas de los demás serían la mejor medicina mientras decidía que hacer con todo aquello que me lastimaba.

Los viajes largos no son buenos, y menos en aquellas circunstancias, pensé y pensé en todo aquello, en el proceso de aliviarme, conocí a otras personas, les agradaba aunque no me conocían personalmente, y queriendo y no queriendo terminé desahogándome de mis penas. Les conté mis enredos a completos extraños, estaba aliviada, estaba tranquila y ya no tenía esa opresión y angustia. Viva la Libertad (que no es el departamento).

Al fin me encontraba bien, relajada, regresé de mi viaje con mejor ánimo y con ganas de empezar de nuevo, aplicarme en las tareas olvidadas y plantear mi situación desde otro extremo. No volver a caer en la trampa del amor (mal llamado amor). Y terminar con todo eso de una vez.

Es gracioso, lindo e inocente e incluso idiota plantearse las cosas de ese modo. Cuando pensaba en empezar de nuevo, va y me lo encuentro de nuevo en el msn, emocionante fin de semana que pasamos conectados, con una casi pelea, o pelea si se interpreta bien. Lo único que pensaba el domingo era “que tienen razón en aquello del sexo de reconciliación” y otra vez estaba en las nubes y otra vez rendida virtualmente en sus brazos.

Y ahora, luego de aquello, duele menos o quizás dolerá más cuando esperando una carta esta nunca llega, y te armas de pretextos, excusas y justificaciones para sobrellevar el vacío que deja el abandono. ¿Y a veces me pregunto, si acaso no hemos sido los dos culpables de mutuamente abandonarnos?

Bien caeré nuevamente en las alas del amor y esperaré enamorada, sin embargo esta vez estoy preparada para aquello que sin duda ha de llegar en cualquier momento, que es el adiós definitivo a una amistad muy personal que fue creciendo a manera de juego, conversaciones y música.

No, no quiero que acabe esa amistad.

Pondré a Joni Mitchell y su All I Want, para recordarme aquello que viví con tanta intensidad y que sin duda es la declaración que me gustaría escuchar. Gracias por el regalo.

Busco un vendedor de ilusiones…
Que me ofrezca bajarme la luna y las estrellas antes que jurarme amarme la vida entera.
Que me diga te necesito cuando realmente me necesite
A quien pueda confiarle un poquito de mi tiempo y mi vida
Que me llamé muy tarde por las noches sólo para decirme quería oírte
Que sea sincero y me diga siempre la verdad aún sabiendo que me sentiré herida
Que esté dispuesto a consolarme si me lastima
A quien pueda brindar caricias sin temor a nada
Con quien el tiempo juntos sea eterno y efímero
A quien escribirle cartas no de amor si no de la vida
Que no se rinda frente a mis inseguridades
Que espere cada nueva cita con la ilusión y alegría de la primera
A quien el tiempo que pasemos lejos no le importe.
Que encuentre refugio y descanso en mis brazos
Que sepa que junto a mi no tendrá ni luna ni estrellas ni un amor eterno y aún así permanezca a mi lado
Quien si algún día decide que lo eterno no existe al menos me diga adiós

Hoy con un poco más de tiempo (demasiado) me puse a leer aquellos correos de años atrás, aún me sorprende lo rápido que ha pasado el tiempo porque conservo cartas de amigos que fueron, algunos de acá, otros de sitios más lejanos como México, España o Chile. Y me pregunto que fue de ellos.

Quizás el que más recuerde sea ahora corredor profesional de autos, estaba en una liga allá en México, cuando comenzamos a escribirnos eran los inicios de Internet y los chat (Latinchat si algunos recuerdan), solía meterme en las salas de anime para conversar de mi tema favorito conocer gente y nada más. Así nos encontramos, cartas fueron y cartas vinieron, hasta que en un día sencillamente dejamos de escribirnos, recuerdo que la última cosa que le envié fue una tarjeta por Navidad.

Luego fue alguien de Lima que por trabajo vino al Cusco, junto con la Telefónica. Tenía 25 años y creía que nadie se fijaría en mí, así que Diana una amiga que ya había terminado su internado y que siempre solía ir a visitarnos me animo para inscribirme en una página de búsqueda de parejas, así nos conocimos. Él deseaba conocer alguien del Cusco para no sentirse solo y yo por mi parte conocer otras personas fuera de mi entorno educacional y social. Tuvimos creo unas cuatro salidas y una fiesta. Me invitó a cenar, a pasear e incluso a un concierto, (fueron dos) no fui al primero porque nos cruzamos en el camino y me arrepentí luego porque esa noche no quise volver a salir, en el segundo concierto conocí a las Bella Bella. A él parecía no importarle que bebiera, hasta que me invitó un vaso de cerveza, le dije que apenas podía tolerar el alcohol y se sorprendió luego de las veces, que le había contado, solía beber con mis amigas. La última vez que lo ví fue en un bautizo de wawa que organizamos, lo llevé para que conociera más gente, y se pasó la noche bebiendo. Me olvide de él. Lo último personal que le escribí fue recordándole que no me gusta que me envíen cadenas, siguió haciéndolo hasta que un tiempo después me contó que se encontraba en Abancay.

En ese tiempo andaba en coqueteos con un trabajador del sitio en el que  hacia mi internado pero no me interesaba más allá de eso, por cierto que lo vi una vez en la Botica, con su pareja, él me reconoció y yo tuve que fijarme en él muy bien para reconocerlo. ¿Porqué nunca le aceptaría una cita? ya recuerdo eran cuestiones de horario y “estatus” (si todavía me dejaba llevar por el “que dirán” de las amigas).

Luego de aquellos años, que fueron dos o tres seguidos, con un poco más de calma y el consejo de mi amiga decidí que lo mejor para mí era estar sola, no empeñarme en buscar, sino en prepararme para el que debería llegar, si llegaba, y si no lo hacía disfrutar cuanto pudiera y conocer tantas personas estuvieran a mi alcance.

Así llegamos a A. ¿ya van cuanto…? un año y cinco meses de conocernos, de tener contacto físico como seis meses, y todo este tiempo de escribirnos, de llamarme (porque nunca lo hago ¿porqué nunca lo hago?), de chatear cuando ambos estamos de humor o queremos concertar una cita. Y Edson viene a mi memoria por querer jugar el Código DaVinci en línea me preguntó el correo y no  queriendo que me interrumpan en el trabajo le dí uno que casi no usaba y al día siguiente, cosas del destino o mi actitud para forzar las situaciones le dí el mismo correo cuando me lo pidió, desde aquel día ése se ha convertido en mi correo principal.

En ocasiones pienso que hubiera sucedido si sencillamente yo no le pedía su correo, ¿me habría escrito?, o nos olvidaríamos de ese encuentro como de cualquier otro con un extraño. Ya no se puede saber quizás imaginar únicamente los “que hubiera sido si…”

Y ahora en frente de un nuevo desafío para conocer personas, quizás hacer amistades o amantes futuros o finalmente nada tan sólo una tarde con un desconocido o desconocida, compartiendo algo de comer o beber. Una nueva carta con un nombre no hay compromisos de por medio, nuestra meta es ver que tenemos en común como individuos y conocernos. Mi meta es analizarla y comprenderla y probablemente catalogarla. ¿Acaso estoy siendo infiel a mi promesa?

Hace unas dos semanas probé por casualidad una barra de chocolate blanco y negro llamada “triángulo marmoleado”, resulta que hace dos días decidiendo ir o no ir al grado de mi hermano y terminando con un gran estrés y sentimiento de culpa se me antojó comer nuevamente el chocolate ese. Me cambié, me arreglé un poco de pintura en los labios y ligero rimel de pestañas para hacerlas más abundantes, el viejo pantalón crema, la chompa roja de cuello de tortuga y el viejo abrigo, acompañados con la cartera negra y las botas (mis favoritas) emprendí su búsqueda.
La decisión estaba hecha, no iria al grado al menos no directamente, salvo que me acompañara el tiempo o la suerte. Emprendí mi camino calle abajo de mi casa, un poco tambaléandome por los tacones y la poca costumbre (últimamente) de usarlos, al fin un poco de arreglo y el movimiento de piernas y caderas, hacían la cadencia algo singular en mi marcha por el chocolate.
Llegué por fin a un paradero, tomar taxi no era conveniente, porque para mi fortuna “mi fortuna” (llámese sueldo) no me la depositaban hasta el siguiente viernes, es decir hoy (31 de Agosto de 2007), así que el ahorro era obligatorio por no decir en extremo necesario. Allí me encontraba a la espera del transporte público, iria al Centro Comercial curiosearía un poco por aquí y allá quizás una pequeña vuelta por aquel viejo stand, y si se me antojaba compraría mi chocolate.
El transporte público no llegaba en cinco minutos de espera y aburrida me ví obligada a hacer cambio de planes y tomar el bus que me llevaba al trabajo, no fui precisamente a ese lugar pues era mi día de descanso.
Sentada junto al conductor se me antojó pensar que mi familia estaría de vuelta en casa celebrando el grado, no fue así y desde la ventana divisé mi casa, cerrada y solitaria, un poco abandonada y triste, no se porque la sentí de esa manera, tantos viviendo en ella y nadie llamándola su hogar.
Di media vuelta a la visión y seguí la ruta tantas veces recorrida y me dediqué a observar a las personas que caminaban por las calles cada una ocupada con sus alegrías y penas. Habrían transcurrido unos veinticinco minutos desde mi partida y escogiendo bajar en la Plaza San Francisco, el bus cambió su ruta y nos llevó por La Recoleta y Santa Teresa, ví a mi vieja profesora de Religión, y bajé cerca de mi antiguo colegio de Secundaria, cuantos años habían pasado ya. Las viejas casas ahora convertidas en hoteles u hostales, nuevos negocios, nuevos restaurantes, y una que otra tienda dedicada a la moda dirigida a los turistas. Las calles un poco resbalosas por las lajas de piedra por tan continuo e inacabable tránsito peatonal. Buscaba inútilmente algo de mi adolescencia y no encontré nada.
Finalmente rendida decidí bajar a la calle del Teatro Municipal y poco antes de llegar vi una tienda dedicada a la venta de chocolates y dulces, una dulcería, y en lugar de entrar y al menos preguntar por mi chocolate mis pasos se dirigieron hacia el teatro, el sitio del grado de mi hermano. Había mucha gente tomándose fotos chicos y chicas vestidos con ternos y trajes sastres con ramos de flores en sus brazos, busqué una señal de mi familia y no la ví, y tampocó me empeñé en buscarla, bajé la callé tan rápido como me lo permitieron los peatones que la cerraban y que ocasionaron el congestionamiento del tránsito y el desvío de mi movilidad.
Al no saber que hacer y luego de revisar en mis bolsillos conté las monedas que me quedaban, no compraría el chocolate y si iria a visitar a mi viejo amigo a su centro de trabajo, probablemente podría conversar con él de las cosas que me han ido sucediendo e incluso me preparaba para un jalón de orejas. Mi decepción fue mayor porque no pude hablar de las cosas que deseaba, aunque me dio buenas noticias sobre su vida y como le iba, que me alegra mucho y a la vez me hace reflexionar en mi fracaso personal y profesional. No queriendo continuar porque últimamente me encuentro con un humor cambiante y con ganas de llorar me despedí de él, no sin antes preguntarle donde encontrar un Sex Shop, idea que me vino luego de ver la colección de preservativos en la vitrina de una farmacia.
Sería una buena idea conocer uno alguna vez, total a estas alturas de mi vida ya casi nada me avergüenza, salvo yo misma conmigo misma, bromeando un poco le digo que necesito unas esposas para atar a alguien, me da las señales de donde hallar uno y sonriéndole me despido.
Un poco dificil de hallar el lugar luego de no prestar demasiada atención a las indicaciones dadas, cruzo la calle y resultó que tenía el lugar frente a mí todo el tiempo, indicaba su aviso el segundo piso y allí me dirigía imaginándome una tienda con toda clase de artilugios para el placer sexual tanto en pareja, grupo o en solitario y es que siempre tuve la curiosidad de ver y tocas alguna de esas cosas con mis propias manos y sentirlas.
Mi decepción fué aún mayor pues cuando entré a la tienda, el muchacho que atendía parecía un novato temeroso y lleno de morbo escondido, dirigí mi vista a la habitación de por sí pequeña, paredes blancas y un escritorio pegado a la pared demasiado grande para ocupar tan diminuto espacio, espejos colgados en las paredes y sobre estos se situaban los juguetes grotescos y faltos de delicadeza como hechos para satisfacer las demandas masculinas en películas porno de última clase.
Le pregunto al muchacho si tenían esposas, y me sale con “¿para despedida de solteras?”, le indico que no, que necesitaba las esposas para juegos de parejas, y me insiste con lo de la despedida, luego me ofrece asiento y me pide explicarle (morbo al 100%), y le digo algo así (todo para ampliar su limitada imaginación) “¿Cónoces las esposas de la policia, aquellas de metal que usas para apresar?,” me asiente y continúo “las esposas que necesito están hechas de cuero o…” y muevo las manos en señal de querer atraer un recuerdo o una palabra “… peluche” se me ocurre en ese momento, “se usan para inmovilizar las manos”, el pobre chico se encontraba más que perplejo y con cara de no haber entendido una palabra, o quizas mudo porque ante él se abrían nuevos mundos no explorados.
Esta vez un poco más inseguro y con menos morbo de por medio, me dice que no las tienen, ya no se me ocurre preguntarle si puede traérmelas a pedido, porque sencillamente las ganas se me fueron desde el momento que crucé el umbral de la puerta y ver la escasez de aparatillos y juguetes. Dándole las gracias me retiro.
Al salir del lugar y encontrarme nuevamente en la calle, que ya estaba completamente iluminada por las luces de la noche, respire hondo y mirando nuevamente el sencillo, sacando cuentas decido no buscar mi chocolate y con todo me dirijo al paradero para tomar el bus de vuelta a casa.
Y Mientras retornaba pensaba en la limitada imaginación de la gente, las parejas y cuan infelices podrían ser por no atreverse a pedir y dar lo que ellas quieren para el sexo, incluidos los juguetes y disfraces.
Quiero tener un Sex Shop para todos ellos, me incluyo.

Aprovenchando el día libre, con los horarios que tengo, contando los días para irme, con un poco de temor por el futuro, abierta y en búsqueda de nuevas posibilidades y oportunidades. Estoy sonando como comercial para un futuro mejor o vacaciones lejos del Perú. Hace unos días presenté mi renuncia a la botica y desencadenó una serie de problemas ya que conmigo renunciaron dos personas más, así que la botica se queda sin personal y justo cuando se encontraba en período de evaluación y el supervisor de visita, tuve unas palabras con él y lo primero que me pregunta es que si renunciaba por maltrato, se lo negué y aunque fue uno de los motivos que me llevaron a renunciar no fue el principal.

Es momento de responsabilizarme de mi misma y de las cosas que hago y poseo, vivir fuera de mi casa tomará un tiempo más, espero que no en exceso ni que pase del año, pues es el límite que me he planteado para graduarme y tener un lugar independiente para vivir.

Han pasado varios meses desde que soñé algo que llamara mi atención,  o al menos recordará con inquietud.

Las preocupaciones del que dirán u opinen los demás puede que no importen mientras estoy despierta, porque puedo controlar en cierta medida las situaciones que se vayan presentando, sin embargo en los sueños es diferente, ya que nuestro subconciente sale a demostrarnos la realidad de nuestra verdadera personalidad o ser interior que intentamos ocultar mostrando lo que deseamos y queremos desde el fondo de nuestro espíritu.

Hace unos meses una duda ha estado casi siempre presente en mi día a día, y que en ocasiones intento olvidar u olvido por completo cuando otra se presenta.

Soñar con la esposa de alguien no es de sorprenderse siempre y cuando la conozcas o hayas escuchado de su existencia. O alguien más te la haya nombrado. Puede que incluso lleguemos a ser amigas, el hecho es que mi sueño tuvo que ver con una esposa que desconozco en absoluto, joven, hermosa y jovial, muy amable en el trato a los desconocidos quien gentilmente nos invito a compartir en su cocina mientras tomábamos una taza de té, presentándonos no llegué a escuchar su nombre.

Cuando finalmente caigo en la cuenta que la casa en la que me encuentro es una casa desconocida y conocida al mismo tiempo porque su propietario es alguien que conozco y desconozco, llegan de improviso tres niños o no tan niños de unos doce o trece años, cada uno más alegre y divertido con unos colores en el cabello aparentando llamas ardientes. Eran sus hijos y ella nos lo presenta.

¿Y porque hablo en plural? porque éramos tres amigas y la esposa conocía cada uno de nuestros nombres y parecía tener más interés en el mío que en ningún otro.

Los niños habían desaparecido de la cocina, probablemente estarían jugando en el jardín, cuando de pronto la puerta de la cocina se abre y lo veo allí parado, casi irreconocible con una sonrisa a flor de labios que desapareció en cuanto nuestras miradas se cruzaron, intentamos parecer desconocidos que se veían por primera vez mientras sentía a mis espaldas la mirada de la esposa y su sonrisa casi triunfal.

Intentando alejar las ideas que habían cruzado por mi cabeza, me dirigí a la sala donde vi un folder colocado sobre una cómoda delicadamente cubierta con encaje blanco, por curiosidad o instinto abrí el archivo y leí mi nombre y algo parecido a “interceptando las llamadas de… centro de trabajo…”

El temor creció en mi interior, la verdad que tanto esperé llegó de la manera más cruel, lo ví nuevamente parado frente a mí y a ella junto a él sonriendo con satisfacción, nuestras miradas se entendieron, y la de él y la mía se confundieron, salí de aquel lugar, con angustia y falta de aire, sin saber que hacer.

El río estaba cargado y la lluvia continuaba, mi carrera se enlentecia por los torpes pasos que daba al no quedarme fuerzas para continuar, cogiendo mi pecho en un intento inútil por contener el aire que con dificultad se abría paso a mis pulmones, el cabello mojado y el frío hacían más difícil mi propósito.

Allí estaba yo frente a un acantilado y un río cargado que corría más abajo. No, no quería caer y estaba al borde mismo a punto de hacerlo, y le veo llegar descendiendo de un automóvil blanco muy molesto. Rechazo su ayuda y decido volver sobre mis pasos para llegar a un sitio más seguro y de ahí alejarme de ese río y ese abismo.

Despierto.

Hay momentos como este en que te replanteas tu vida, la forma como la vives o el modo en que la explotas y disfrutas, preguntando y cuestionando acciones o no acciones palabras o silencios, incluso halagos e insultos, palabras e indirectas, personas que conoces y desconoces con las que puedes haber vivido o convivido un buen tiempo o simplemente cruzado una mirada o un saludo.

Cuando todo parece tan real y aburrido, casi monótono y hasta asfixiante, algo te empuja a la reflexión y las tonterías del día a día que pueden parecer grandes problemas imaginados como enormes océanos y en los que te mantienes a flote sujeto de algo tan insignificante como un palo y muy delgado (imaginariamente hablando), para días más tarde darte cuenta (y con la cabeza más fría) que sólo se trataba de un pequeño vaso de agua y ni siquiera lleno como para derramarse y salpicar a quienes lo rodean, es ahí donde te das cuenta que tan insignificantes son los problemas, y que nada es eterno, frágil o fuerte, sencillamente es lo que es y lo que intenta representar.

Somos las personas quienes le damos significado a todo, una mirada, una palabra, un gesto, un susurro entre dos (y no eres ninguno de ellos), un abrazo, una sonrisa, en fin todo. Un problema lo es en la medida en el que tu le das importancia, si ya encontraste una solución dejó de ser un problema porque seguir preocupándote por ello, para que darles más vueltas o querer encontrarle explicaciones si erraste el camino no te queda otra que levantar la cabeza y volver en tus pasos para corregir tu destino, sino enfrentarte a las aventuras y desventuras (felices ilusiones o desilusiones) que te traerá el rumbo que elegiste, no hay más.

Ni arrepentimientos, ni recriminaciones son lo mejor porque nada puedes hacer con ellos salvo romperte la cabeza y llenarte de culpa y para colmo una culpa que no tiene forma de solucionarse porque piensas en “¿Porqué lo hice?” cuando en verdad deberías decirte “No volverá a pasar” o sencillamente “¿aprendí algo con todo esto?”, si la respuesta es sí, continuar adelante con la lección, si es no, dejarlo de lado y buscar lo siguiente y no volver a cuestionarse del resultado.

Al final los únicos en calificarnos seremos nosotros, quienes nos pongamos una nota aprobatoria o desaprobatoria, de acuerdo a nuestra escala de valores o moral y aunque muchos extraños nos señalen con el dedo y comenten nuestras acciones y vidas, no son más que extraños y nada pueden hacer con lo que nuestra conciencia nos dicta e inculca en nuestra creencia de lo correcto o incorrecto.

Para mañana seguramente aquello que gran aflicción y preocupación te causó dejará de ser o tener la esencia del día anterior porque incluso las personas involucradas serán otras aún siendo las mismas, y las circunstancias diferentes, tal vez algo se habrá ganado (mucha confianza y seguridad) o perdido (amistades), y nos queda ese mañana para intentar recuperar lo perdido y aprender a lidiar con lo ganado para entrar en una nueva etapa de crecimiento y conocimiento para seguir en el camino, sea el que hayas elegido seguir o aquel al que la demás gente te empuja.

En ocasiones necesito un desahogo de todo lo que sucede a mi alrededor, a veces me gustaría ser como el resto y no ser tan libre de pensamiento y extraña, pasar desapercibida ser una más del montón, sin embargo es una pena que no logré hacer eso en ningún lugar en el que me encuentro de una u otra forma termino resaltando y no de la forma más agradable, quizás demasiado cerrada en mis ideas y pensamientos, y mi mejor lugar sea estar aquí frente a un computador que me permite conectarme con el resto del mundo sin que pueda lastimar a nadie ni ser lastimada, aislarme de todo y todos, ¿acaso soy la que comete todos los errores? ¿un sentido de culpa creído superado y sin embargo siempre presente?, no puedo compartir cosas con el resto, ni una simple cena en donde todos ríen y comentan, no puedo ni siquiera eso, quienes a mi lado se encuentran en la mesa terminan callados por completo como si mi simple deseo de acallar sus voces hiciera efecto en sus espíritus alegres y los tornara oscuros y siniestros.
Hoy no fue mi mejor día, hoy ni ayer, ni el resto de la semana anterior.
Ahora mismo me gustaría mandar todo al diablo, y dejar aquello que me lastima. Mariela me vió en el trabajo y la mejor impresión que se llevó fué “acaso no dormiste, tienes el rostro cansado” sólo le falto agregar “¿donde esta tu sonrisa y alegría?”. La verdad es que me siento muy incómoda trabajando, cada día se ha vuelto una rutina, en la que cuento día tras día que se acaba, para contar luego semana tras semana hasta que termine el mes y después mes tras mes hasta que llegué el fin de mi contrato.
Estar prendida en frente de un computador esperando respuestas, tampoco es la mejor opción, buscarse nuevas obligaciones o retos pareciera no tener sentido en este momento, deseo sonreír, estudiar y la depresión es cada vez mayor, no quiero sujetarme de algo que no tiene consistencia ni es real y ahora es lo más feliz y concreto que me ha sucedido, efímero como un suspiro tan irreal como un sueño, y es lo que me sostiene y me hace continuar.
Mis siguientes dudas, son que haré más adelante si dejo todo esto, opciones tengo varias y la voluntad es tan débil que me desespera, perdiendo paciencia y esperanza que nunca fueron mi fuerte.
Siento no pertenecer a ningún lugar, no pertenecerme ni poderme entregar por completo a algo o alguien que sea mi motivo de vida, puede sonar cursi, pero siento que no valgo para nada útil, la tristeza es cada vez mayor y el llanto se acumula en mi interior quiero gritar y nadie vendrá a rescatarme, nadie me sacará de este pozo sin fondo en el que intento trepar, algunos días logrando subir un poco y luego resbalando sin poderlo evitar, veo aquella luz sobre mi cabeza y temo no poder llegar nunca a alcanzarla.
Dejarme morir lentamente ha ido tomando forma en mi cabeza, cansada estoy de todo esto y alguien me gritará que no abandone y no escucho su voz o no quiero hacerlo.

Hace exactamente un año en medio de aquellas casualidades que la vida en ocasiones te trae para darte sorpresas sin desemerecer si estas son buenas o malas, pues de primera intención son sorpresas y hay que aceptarlas como tal, conocí a alguien que de cierta manera me cambió, lo haya deseado o no.

No esperaba conocerla, no estaba dentro de mis planes conocer a nadie, practicamente habia decidido seguir adelante con mi aburrida y monótona vida no teniendo más responsabilidad y ambición que el trabajo y lo que representaba en ese instante en mi vida y siendo lo más prioritario en ese momento, dedicandome a ello a tiempo completo, ni siquiera mi familia formaba parte de mi vida que transcurridos unos meses desde la ultima navidad que celebramos se habian convertido en unos extraños o era yo la extraña porque me aparte de ellos por x problemas que se habian presentando en visperas del año nuevo.

Volvamos con el extraño desconocido, hoy no tan extraño y aún así todavia desconocido, la forma de encontrarnos fue poetica…? no puedo decirlo con certeza, fue el destino que nos unió, tal vez si crees en el destino ¿qué cielo y tierra se abrieron?, al menos sentí que formaría parte de mi vida de una forma u otra, aunque no podía asegurarlo al 100 % en ese momento, ¿qué hubo atracción? de eso no hay duda por ambos, una vez que lo conversamos unos meses después.

Mi rutina era visitar aquel mercado cada sábado, por la tarde en busca de alguna pelicula o disco que llamara mi atención para verlo o escucharlo, sea lo que escogiera, siempre caminando por el mismo pasillo, siempre viendo los mismos articulos exhibidos, siempre rutinaria. Y aquel sábado soleado, con lentes de sol me aventuré por pasillos extraños, curioseando entre los escaparates y encontrandome de pronto entre videos de un viejo pasatiempo, un poco de miradas por aqui y por allá no hallé nada interesante, cuando le veo llegar y no le preso más atención que a cualquiera otro de los clientes, al menos eso creí, pero quien rayos se acuerda ahora de los otros, yo no, una consulta suya al vendedor y con voz ausente y sin mirarlo siquiera absuelvo su duda mientras me marcho para continuar con mi vida.

Él me detiene y eso da lugar a un intercambio de información sobre donde conseguir más artículos relacionados con aquel viejo pasatiempo, en mi mente dan vueltas algunas ideas como “no es de acá” y “es un otaku que seguro vive con sus padres” ahora me rio de aquel pensamiento tonto porque juzgue muy pronto a alguien, cuando nos volvimos a encontrar unos meses despues y luego de varias cartas la otaku terminé siendo yo, no tenía la edad que la habia calculado al inicio y resultó ser una persona en extremo interesante y muy inteligente.

Intercambiamos correos y todo hubiera quedado ahí, si no tomaba la iniciativa en escribirle.

A medida que las cartas y chat se sucedían uno tras otro tras meses de conocernos aquel sábado de Mayo, nos volvimos a ver en Octubre, tras varios intentos infructuosos para que se concretara una salida para tomar un café, sin duda no olvidaré a menos que me Alzheimer, la tarde de octubre en que saboreé un delicioso helado de café.

Sin embargo aquella tarde no fue del todo agradable, porque intencionalmente o no me sentí desubicada en ese lugar y que no pertenecia a él, al darme cuenta de con quien me encontraba y del mundo que lo rodeaba. AL llegar a casa aquella noche no lloré, sucedió al día siguiente, luego de escribir una larga carta que nunca envié a su destinatario.

Un par de semanas más tarde, la comunicación se restableció, mi desición estaba tomada, y no habría marcha atrás, mas si un largo camino por recorrer para concretar algo que había nacido un dia de Mayo.

Hoy me doy cuenta de que he cambiado, el trabajo ha dejado de importarme, si bien es una necesidad no es mi meta en la vida, sino disfrutar lo que vivo. Me he vuelto más cínica y en alguna forma más fria respecto a los sentimientos, porque de forma implicita o incitada por él decidí ser menos sentimental y más instintiva o salvaje, o quizas sea todo lo contrario y nunca haya desarrollado sentimientos y lo unico que despertó en mi fue al ser salvaje e instintivo que siempre vivió en mí, que esperaba la menor oportunidad para liberarse.

Soltar las cadenas de la religión, la conciencia y el sentimiento de culpa fue parte de su labor, sin desmerecer que la ética forma parte de una nueva religión y el aprecio por aquellas cosas mundanas que la persona común pasa por alto o aún desprecia. Todo para transformarme y convertirme en el ser de libre pensamiento o liberal que soy ahora.

Hoy me sorprendo de ser quien soy, de las cosas que hago, las ideas que tengo, las desiciones que tomo e incluso las cosas que compro. Comportandome más como una mujer que como el ser andrógino que era hace un año. Si hasta por propia voluntad escogí llevar una cartera o bolso cuando antes hubiera preferido llevar una mochila que fue así como me conoció.

Ahora no puedo asegurar que nos volvamos a ver nuevamente, la vida así como se encargo de juntarnos puede empeñarse en separarnos, si es que nosotros no lo hemos hecho de forma voluntaria; sin embargo él ya forma parte de mi vida y quizas yo sea un recuerdo en la suya.

Con todo lo bueno y malo quedan cartas, conversaciones y aprendizajes mutuos y es que de eso se compone este año transcurrido.

Entradas siguientes »